Los pólipos vesicales y su frecuente diagnóstico

Es muy frecuente que a nuestra consulta acudan pacientes, en su mayoría mujeres, con el diagnóstico de pólipos vesicales, incluso acuden luego de cistoscopias y preocupantemente posteriormente a una cirugía vesical; por lo que creemos conveniente comentar al respecto este tema.
Un pólipo en la vejiga puede tratarse de diferentes tipos de enfermedades, y depende mucho de la experiencia y la intención del médico, su diagnóstico certero.
Un pólipo en la vejiga es sinónimo de tumor, y como sabemos los tumores son benignos y malignos.
Los pólipos vesicales se asemejan a medusas, bulas o dedos, muy similares a los de la imagen.
Un pólipo vesical es, hasta no demostrar lo contrario,un tumor maligno o un cáncer en el sentido estricto de la palabra.
Sin embargo la gran mayoría de las veces que hemos sido consultados en segunda opinión por pólipos vesicales, nos hemos encontrado ante la presencia de cistitis, trigonitis, leucoplaquias vesicales o cistitis polipoide.

En el dibujo, los tipos de pólipos vesicales, plano  o edema bulloso (1), y polipoide o papilar (2 y 3). Ante la duda diagnóstica recomendamos siempre la biopsia vesical

Cistitis polipoide
La cistitis y trigonitis las hemos comentado con antelación; en cuanto a la cistitis polipoide, un tipo de tumor benigno, dejamos a continuación algunas observaciones de un excelente artículo español.
La cistitis polipoide es una lesión tumoral benigna de carácter reactivo que puede simular una auténtica neoplasia tanto en el examen clínico como en los estudios por imagen por lo cual será un minucioso estudio histológico el que determine la verdadera naturaleza de la lesión.
Si bien cualquier localización es posible a la largo de la mucosa vesical, existe una predilección por la pared posterior o por la cúpula vesical.
Tradicionalmente se ha subclasificado la cistitis polipoide en dos grupos atendiendo a la morfología de las proyecciones polipoides:

  1. La cistitis polipoide bullosa éstas serán anchas y de bordes romos
  2. La cistitis polipoide papilar se aprecian proyecciones delgadas y filiformes. 

Esta clasificación “como es lógico suponer” no tiene ningún impacto clínico- pronóstico si bien es necesario hacer hincapié en la distinción, en la mayor parte de las ocasiones fácil, del tipo papilar con el verdadero carcinoma de células transicionales papilar, auténtica neoplasia.
Existe una alta relación de la cistitis polipoide con la instrumentalización-cateterización vesical (75% de los casos de sondaje vesical mantenido) alcanzándose su mayor incidencia a los tres meses del sondaje y desapareciendo al retirar la sonda; asociaciones con radiación o neoplasias malignas han sido descritas En el 25 % de los casos no se identifican antecedentes de interés.

Es importante destacar el curso inocuo de esta patología (benigno), con una evolución favorable en gran parte de los casos si bien se han documentado casos en que debido a la obstrucción de los uréteres se han desarrollado hidronefrosis e insuficiencia renal. También se han documentado asociaciones con displasia epitelial hasta en un 6% de los casos si bien todos los indicios apuntan a una aparición sincrónica más que a una evolución.

El mejor método diagnóstico es la cistoscopia seguida de biopsia del tumor, la cual en la mayoría de los casos implica la resección total del mismo. Felizmente, la gran mayoría de las veces hemos tenido sobre diagnósticos.
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Cáncer de vejiga y vejiga hiperactiva

La vejiga hiperactiva (en inglés, OAB) con hematuria es una manifestación del cáncer de vejiga. 
Sin embargo, en algunos casos, se ha relacionado la OAB sin hematuria con esta enfermedad. 
En una búsqueda en bases de datos, se investigó la incidencia de cáncer de vejiga en pacientes con OAB sin hematuria resistente al tratamiento.
Se incluyeron pacientes que habían sido sometidos a cistoscopia a causa de OAB sin hematuria resistente al tratamiento de 1998 a 2008. 
La OAB resistente al tratamiento fue definida como la ausencia de una mejoría significativa de los síntomas después de, al menos, 3 meses de tratamiento. 
Según lo determinado mediante análisis microscópico, la hematuria se definió como la presencia de más de 2 glóbulos rojos por campo de gran aumento. 
De la base de datos, se identificaron 1420 pacientes que cumplían los criterios de inclusión, con síntomas vesicales continuos de 3 meses a 10 años. 
Hubo 8 (0,6%) casos de cáncer de vejiga, y la incidencia fue mayor en las mujeres (7/720) que en los hombres (1/700). 
En la biopsia inicial, todos los casos fueron clasificados como carcinoma transicional Ta de baja malignidad. 
Los análisis cistoscópicos indicaron la presencia de típicos tumores papilares de células de transición en 7 de los 8 casos. 
Los resultados mostraron que la OAB sin hematuria, en ocasiones, puede presentarse como síntoma del cáncer de vejiga. 
Esto fue 10 veces más frecuente en mujeres que en hombres, en comparación con la proporción hombre/mujer esperaba de 2,5 a 1 
(Weiss, J. et al. Joint Annu Meet Int Continence Soc and Int Urogynecol Assoc (Aug 23-27, Toronto) 2010, Abst 348).
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